Naranjo en flor

Naranjo en flor
Música (Fragmentos de canciones)


Descripción

Una tarde hace tantos años encontré a Liuba en un pequeño concierto. Su espíritu hallábase turbado por la inmensa pena que lejos de debilitar su inspiración, la acentuaba. Profundamente conmovido ante su dolor, en nuestra Casa de la Poesía, evocaríamos a perpetuidad la hermosa obra de Ada Elba Pérez.
Nació entonces una amistad que el tiempo ha consolidado. Mucho pasó desde entonces; la voz y los infinitos matices que caracterizan su arte alcanzaron un espacio privilegiado en la historia de la música cubana.
La Habana, desde hace siglos, arropó a los trovadores llegados de toda la isla. Los hizo mentores de sueños y cuitas que ellos correspondieron con sus canciones. En cualquier rincón de la ciudad una voz puede evocar con nostalgia el amor perdido.
Los cantos del sur de América, los tangos compuestos en el ámbito rioplatense requieren para su interpretación el sentimiento y la intensidad de una artista como Liuba. Nadie mejor para quedar en la memoria de los cultores del género: desde la pasión ella se da por entero en cada una de sus interpretaciones.

Eusebio Leal Spengler

Letras


1. Vuelvo al sur (1988)

2. El cuarenta y cinco (1967)

3. El último café (1963)

4. La niebla del tiempo (2001)

5. Malena (1941)

6. Sus ojos se cerraron (1935)

7. Chiquilín de Bachín (1976)

8. Volver (1935)

9. Cambalache (1934)

10. A un semejante (1976)

11. Maquillaje (1938)

12. Los mareados (1942)

13. Caserón de tejas (1941)

14. Como dos extraños (1940)

15. El día que me quieras (1935)

16. Naranjo en flor (1944)

Vuelvo al sur (1988) Música: Astor Piazzolla y Letra: Fernando “Pino” Solanas

Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Llevo el Sur,
como un destino del corazón,
soy del Sur,
como los aires del bandoneón.

Sueño el Sur,
inmensa luna, cielo al revés,
busco el Sur,
su tiempo abierto, y su después.

Quiero el Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.

Te quiero Sur,
te quiero.

Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.

Quiero el Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.

Vuelvo al Sur,
llevo el Sur,
sueño el Sur,
Sur, te quiero.


El cuarenta y cinco (1967) Música y Letra: María Elena Walsh

Te acordás, hermana, qué tiempos aquellos,
la vida nos daba la misma lección…
En la primavera del 45
tenías quince años, lo mismo que yo.

Te acordás, hermana, de aquellos cadetes,
del primer bolero y el té en el Galeón,
cuando los domingos la lluvia traía
la voz de Bing Crosby y un verso de amor.

Te acordás de la Plaza de Mayo,
cuando el que te dije salía al balcón...
Tanto cambió todo que el sol de la infancia
de golpe y porrazo se nos alunó…

Te acordás, hermana, qué tiempos de seca
cuando un pobre peso daba el estirón
y al pagarnos toda una edad soñadora
valía más vida que un millón de hoy…

Te acordás, hermana, que desde muy lejos
un olor a espanto nos enloqueció...
Era de Hiroshima, donde tantas chicas
tenían quince años, como vos y yo…

Te acordás que más tarde la vida
vino en tacos altos y nos separó...
Ya no compartimos el mismo tranvía,
sólo nos reúne la buena de Dios.

Te acordás, hermana, qué tiempos aquellos…
Tenías quince años, lo mismo que yo.



El último café (1963) Música: Héctor Stamponi y Letra: Cátulo Castillo

Llega tu recuerdo en torbellino,
vuelve en el otoño a atardecer,
miro la garúa y mientras miro,
gira la cuchara de café.

Del último café
que tus labios con frío,
pidieron esa vez
con la voz de un suspiro.
Recuerdo tu desdén,
te evoco sin razón,
te escucho sin que estés:
“Lo nuestro terminó”,
dijiste en un adiós
de azúcar y de hiel...

Lo mismo que el café,
que el amor, que el olvido,
que el vértigo final
de un rencor sin por qué...

Y allí, con tu impiedad,
me vi morir de pie,
medí tu vanidad
y entonces comprendí mi soledad
sin para qué...
Llovía y te ofrecí el último café.



La niebla del tiempo (2001) Letra y Música: Osvaldo Montes

La niebla del tiempo cubre mis ojos,
traigo la bruma en mi corazón,
muros de sombras me hablan de sueños
que se quedaron allá en el Sur.
 
Y estoy aquí sintiendo miedo,
y estoy aquí con el deseo,
y estoy aquí.

Y estoy aquí sintiendo miedo,
y estoy aquí con el deseo,
y estoy aquí.

Siento la brisa de tu mirada
que abre sus puertas de cara al sol,
y es el deseo fuego del alma
crece del fondo buscando luz.
 
Y estoy aquí sintiendo miedo,
y estoy aquí con el deseo,
y estoy aquí.
 
Y estoy aquí y siento miedo,
y estoy aquí con el deseo,
y estoy aquí.

Y estoy aquí,
estoy aquí.



Malena (1941) Música: Lucio Demare y Letra: Homero Manzi

Malena canta el tango como ninguna
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo del suburbio su voz perfuma,
Malena tiene pena de bandoneón.

Tal vez allá en la infancia su voz de alondra
tomó ese tono oscuro de callejón,
o acaso aquel romance que sólo nombra
cuando se pone triste con el alcohol.
Malena canta el tango con voz de sombra,
Malena tiene pena de bandoneón.

Tu canción
tiene el frío del último encuentro,
tu canción
se hace amarga en la sal del recuerdo,
yo no sé
si tu voz es la flor de una pena,
sólo sé que al rumor de tus tangos, Malena,
te siento más buena,
más buena que yo.

Tus ojos son oscuros como el olvido,
tus labios apretados como el rencor,
tus manos, dos palomas que sienten frío,
tus venas tienen sangre de bandoneón.

Tus tangos son criaturas abandonadas
que cruzan por el barro del callejón,
cuando todas las puertas están cerradas
y ladran los fantasmas de la canción.
Malena canta el tango con voz quebrada,
Malena tiene pena de bandoneón.



Sus ojos se cerraron (1935) Música: Carlos Gardel y Letra: Alfredo Le Pera

Sus ojos se cerraron...
y el mundo sigue andando,
su boca que era mía
ya no me besa más,
se apagaron los ecos
de su reír sonoro
y es cruel este silencio
que me hace tanto mal.

Fue mía la piadosa
dulzura de sus manos
que dieron a mis penas
caricias de bondad,
y ahora que la evoco
hundida en mi quebranto,
las lágrimas trenzadas
se niegan a brotar,
y no tengo el consuelo
de poder llorar.

¿Por qué sus alas tan cruel quemó la vida,
por qué esta mueca siniestra de la suerte?
Quise abrigarla y más pudo la muerte.
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida!

Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento.
Todo es mentira, mentira es el lamento,
hoy está solo mi corazón.

Como perros de presa
las penas traicioneras
celando su cariño
galopaban detrás,
y escondida en las aguas
de su mirada buena
la muerte agazapada
marcaba su compás.

En vano yo alentaba
febril una esperanza.
Clavó en mi carne viva
sus garras el dolor,
y mientras en las calles
en loca algarabía
el carnaval del mundo
gozaba y se reía,
burlándose el destino
me robó su amor.

¿Por qué sus alas tan cruel quemó la vida,
por qué esta mueca siniestra de la suerte?
Quise abrigarla y más pudo la muerte.
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida!

Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento.
Todo es mentira, mentira es el lamento,
hoy está solo mi corazón.



Chiquilín de Bachín (1976) Música: Astor Piazzolla y Letra: Horacio Ferrer

Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.

Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro ¡también!

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,
con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete
para irse ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño,
niño de mil años,
que por dentro le enreda el piolín.

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí…

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín de Bachín.



Volver (1935) Música: Carlos Gardel y Letra: Alfredo Le Pera

Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos,
van marcando mi retorno,
son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos,
hondas horas de dolor.

Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La quieta calle donde el eco dijo:
“Tuya es su vida, tuyo es su querer”,
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.

Volver con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en la sombra
te busca y te nombra.
Vivir con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.

Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida,
tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar.

Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.

Volver con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en la sombra
te busca y te nombra.
Vivir con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.



Cambalache (1934) Letra y Música: Enrique Santos Discépolo

Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!.
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...

Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...

¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso, estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.

Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!

¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y “La Mignón”,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...

Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...

¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!
¡El que no llora no mama
y el que no roba es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentáte a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!

Si es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley.



A un semejante (1976) Música y Letra: Eladia Blázquez

Vení... charlemos, sentáte un poco,
la humanidad se viene encima,
ya no podemos, hermano loco,
buscar a Dios por las esquinas...
Se lo llevaron, lo secuestraron
¡y nadie paga su rescate!
Vení que afuera está el turbión,
de tanta gente sin piedad,
de tanto ser sin corazón.

Si a vos te duele como a mí
la lluvia en el jardín y en una rosa,
si te dan ganas de llorar
a fuerza de vibrar por cualquier cosa,
decí qué hacemos vos y yo,
qué cosa vos y yo sobre este mundo:
¡buscando amor en un desierto
tan estéril y tan muerto
que no crece ya la flor!

Vení... charlemos, sentáte un poco,
¡no ves que sos mi semejante!
A ver, probemos, hermano loco,
salvar el alma cuanto antes.
Es un asombro tener tu hombro
y es un milagro la ternura...
¡Sentir tu mano fraternal!
Saber que siempre para vos
¡el bien es bien y el mal es mal!

Si a vos te duele como a mí
la lluvia en el jardín y en una rosa,
si te dan ganas de llorar
a fuerza de vibrar por cualquier cosa,
decí qué hacemos vos y yo,
qué cosa vos y yo sobre este mundo:
¡buscando amor en un desierto
tan estéril y tan muerto
que no crece ya la flor!



Maquillaje (1938) Música: Virgilio Expósito y Letra: Homero Expósito

No...
ni es cielo ni es azul,
ni es cierto tu candor,
ni al fin tu juventud.
Tú compras el carmín
y el pote de rubor
que tiembla en tus mejillas,
y ojeras con verdín
para llenar de amor
tu máscara de arcilla.

Tú,
que tímida y fatal
te arreglas el dolor
después de sollozar,
sabrás cómo te amé,
un día al despertar
sin fe ni maquillaje,
ya lista para el viaje
que desciende
hasta el color final.

Mentiras...
que son mentiras tu virtud,
tu amor y tu bondad
y al fin tu juventud.
Mentiras...
¡te maquillaste el corazón!
¡Mentiras sin piedad!
¡Qué lástima de amor!

Tú compras el carmín
y el pote de rubor
que tiembla en tus mejillas,
y ojeras con verdín
para llenar de amor
tu máscara de arcilla.

Tú,
que tímida y fatal
te arreglas el dolor
después de sollozar,
sabrás cómo te amé,
un día al despertar
sin fe ni maquillaje,
ya lista para el viaje
que desciende
hasta el color final.



Los mareados (1942) Música: Juan Carlos Cobián y Letra: Enrique Cadícamo

Rara…
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal...
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar...
Pena
me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré...

Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado...
¡Qué me importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos...
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más...

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida...
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor... pesar... dolor...
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos...
¡Qué grande ha sido nuestro amor!
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó...

Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos...
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más...

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida...
Tres cosas lleva el alma herida:
amor... pesar... dolor...
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos...
¡Qué grande ha sido nuestro amor!
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó...



Caserón de tejas (1941) Música: Sebastián Piana y Letra: Cátulo Castillo

¡Barrio de Belgrano!
¡Caserón de tejas!
¿Te acordás, hermana,
de las tibias noches
sobre la vereda,
cuando un tren cercano
nos dejaba viejas,
raras añoranzas
bajo la templanza
suave del rosal?

¡Todo fue tan simple!
¡Claro como el cielo!
¡Bueno como el cuento
que en las dulces siestas
nos contó el abuelo!
Cuando en el pianito
de la sala oscura
sangraba la pura
ternura de un vals.

¡Revivió! ¡Revivió!
En las voces dormidas del piano,
y al conjuro sutil de tu mano
el faldón del abuelo vendrá...
¡Llámalo! ¡Llámalo!
Viviremos el cuento lejano
que en aquel caserón de Belgrano
venciendo al arcano nos llama mamá...

¡Barrio de Belgrano!
¡Caserón de tejas!
¿Dónde está el aljibe,
dónde están tus patios,
dónde están tus rejas?
Volverás al piano,
mi hermanita vieja,
y en las melodías
vivirán los días
claros del hogar.

Tu sonrisa, hermana,
cobijó mi duelo,
y como en el cuento
que en las dulces siestas
nos contó el abuelo,
sonará el pianito
de la sala oscura
a sangrar la pura
ternura de un vals.

¡Revivió! ¡Revivió!
En las voces dormidas del piano,
y al conjuro sutil de tu mano
el faldón del abuelo vendrá...
¡Llámalo! ¡Llámalo!
Viviremos el cuento lejano
que en aquel caserón de Belgrano
venciendo al arcano nos llama mamá…



Como dos extraños (1940) Música: Pedro Laurenz y Letra: José María Contursi

Me acobardó la soledad
y el miedo enorme de morir lejos de ti...
¡Qué ganas tuve de llorar
sintiendo junto a mí
la burla de la realidad!
Y el corazón me suplicó
que te buscara y que le diera su querer,
me lo pedía el corazón
y entonces te busqué
creyéndote mi salvación...

Y ahora que estoy frente a ti
parecemos, ya ves, dos extraños...
Lección que por fin aprendí:
¡cómo cambian las cosas los años!
Angustia de saber muerta ya
la ilusión y la fe.
Perdón si me ves lagrimear...
¡Los recuerdos me han hecho mal!

Palideció la luz del sol
al escucharte fríamente conversar...
Fue tan distinto nuestro amor
y duele comprobar
que todo, todo terminó.

¡Qué gran error volverte a ver
para llevarme destrozado el corazón!
Son mil fantasmas, al volver
burlándose de mí,
las horas de ese muerto ayer.

Y ahora que estoy frente a ti
parecemos, ya ves, dos extraños...
Lección que por fin aprendí:
¡cómo cambian las cosas los años!
Angustia de saber muerta ya
la ilusión y la fe.
Perdón si me ves lagrimear...
¡Los recuerdos me han hecho mal!



El día que me quieras (1935) Música: Carlos Gardel y Letra: Alfredo Le Pera

Acaricia mi ensueño
el suave murmullo de tu suspirar,
¡cómo ríe la vida
si tus ojos negros me quieren mirar!
Y si es mío el amparo
de tu risa leve que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
¡todo, todo se olvida!...

El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color
y al viento, las campanas,
dirán que ya eres mía
y locas las fontanas
se contarán tu amor.

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá... ¡que eres mi consuelo!


Naranjo en flor (1944) Música: Virgilio Expósito y Letra: Homero Expósito

Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó...

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon en el viento.

Después... ¿qué importa del después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho a mis manos,
qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon en el viento.

Después... ¿qué importa del después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

 

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